Santa Claus lleva una larga lista de niños que han sido buenos todo el año. La lista crece constantemente a medida que crece la población del mundo. Para averiguar cuál es la población del mundo ahora mismo, haz clic aquí.
Como resultado, Santa Claus tiene que entregar más regalos en el mismo tiempo. Si trabajara en tiempo real, tendría que limitar su visita a unas dos o tres diezmilésimas de segundo por casa.
El hecho de que Santa Claus tenga más de 16 siglos de edad pero que parezca no envejecer es la principal pista que nos indica que no se rige por el tiempo tal y como nosotros lo concebimos. Su viaje de Nochebuena parece durar 24 horas, pero para él puede durar días, semanas o incluso meses de tiempo normal. A Santa Claus no le gusta hacer su importantísimo trabajo de repartir regalos a los niños y llevar la felicidad de la Navidad a todo el mundo con prisas, así que la única conclusión lógica es que funciona en su propio continuo espacio-temporal.
En la víspera de Navidad todo en la casa
era silencio. Los niños dormían y las
medias colgaban de la chimenea, con la
esperanza de que llegara San Nicolás.
Pero este niño sintió un estruendo y se
levantó para ver qué pasaba. La luna ilu-
minaba la noche y pudo ver un diminuto
trineo halado por ocho pequeños renos y
conducido por un viejito que llamaba a
cada uno por su nombre. Al instante
supo que era San Nicolás. El trineo vola-
ba por encima de los techos, cuando de
pronto sintió ruido de pisadas en su
techo. Al voltear vio a San Nicolás
bajando por la chimenea con un saco de
juguetes a su espalda. Sus mejillas eran
como rosas y su nariz parecía una cereza.
Su barba era blanca como la nieve; su
cara era redonda y tenía una barriguita
que cuando reía se movía como gelatina.
El humo de su pipa rodeaba su rostro. No
dijo ni una palabra, sino que fue directo
a su labor. Luego salió por la chimenea,
se subió a su trineo y se alejó diciendo
“¡Feliz Navidad para todos y para todos
buenas noches!”